Hiatus announcement
Hi, everyone. I’ve been thinking about it and I think it’s time for me to take a little rest from tumblr. I won’t delete my blog (it wouldn’t be the first time, I’m a little crazy/ impulsive like that) but I don’t know when I will resume blogging or whether I’ll do it here or someplace else. This hiatus is indefinite meaning I could be back in days, in months or never (although I’m leaving home to travel Venezuela in a few days, mostly as a backpacker, which leaves out the possibility of days really).
Thanks a lot for following, I’m grateful for each and every one of you, and especially those who have cared to write and chat a little.
Here’s some contact info in case you want to drop a line : azurea.tr@gmail.com
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Hola a todos. Llevo un tiempo pensándolo y creo que ha llegado el momento de tomarse un pequeño descanso de tumblr. No voy a eliminar el blog (no sería el primero que borro de un plumazo en un ataque de impulsividad/ locura jaja), pero no sé cuándo volveré a publicar ni si lo haré aquí o en algún otro sitio. Me tomo un descanso indefinido lo que viene a significar que podría estar de vuelta en días, meses, o nunca (aunque me voy a Venezuela en unos días, por donde viajaré en su mayor parte como mochilera, lo que deja fuera la posibilidad de volver en días, en verdad).
Muchas gracias por acompañarme por aquí, especialmente a aquellos con los que he hablado alguna vez.
Por si alguien quisiera escribirme aquí dejo mi dirección de contacto: azurea.tr@gmail.com
Sitios para leer en Madrid
Muchos escritores acuden todos los años a la feria del libro, en el parque de El Retiro, a firmar ejemplares de sus últimos trabajos. Pero, si tuvieran que elegir, ¿qué lugar de Madrid escogerían para leer? ¿Y qué leerían? Éstas son las respuestas de algunos de nuestros autores más reconocidos.
“Recomiendo la Quinta de los Molinos en un día tranquilo de marzo, cuando los árboles estén cubiertos de flores, para leer una antología de haiku”
Carmen Jodra. Madrid, 1980. Último poemario: Rincones Sucios
“No me gusta leer al aire libre, pero sí en un café, o en una cafetería. Lamentablemente, en Madrid han desaparecido muchas de las más representativas. Hay una chocolatería en la calle Orellana, el Cacao Sampaka, que en esta última temporada se convirtió casi en mi cuartel general. Allí tenía citas de amistad y de trabajo. Y leía, claro. La prensa, sobre todo, porque la tienen allí para los clientes, y a veces, algún libro (aunque los libros prefiero leerlos tumbada en mi sillón). El libro solía ser de bolsillo, pequeño, de esos que te lees en ratos perdidos. Y es un placer leerlo mientras alguien te sirve un chocolate y un croissant. Me da la idea de una felicidad antigua, simple”.
Elvira Lindo. Cádiz, 1962. Última novela: Una palabra tuya
“Para mí, es fácil contestar. Dado que mi hijo Diego Pita tiene en Madrid, en la calle Apodaca, una librería café-bar (El bandido doblemente armado), es allí donde me siento más a gusto. También soy de las que leen en el Metro y en las salas de espera de los médicos y desde luego en un banco en la calle o en el parque (El Retiro, el mejor, claro). Siempre llevo un libro en el bolso. En este momento: Reloj sin manecillas, de Carson McCullers. Es una vieja edición de bolsillo. Esta es la clase de libros que meto en el bolso para leer en las esperas. Mis autores predilectos en ediciones ligeras”.
Soledad Puértolas. Zaragoza, 1947. Última novela: Historia de un abrigo
“Como vivo en Madrid, suelo leer en casa, pero he leído en cualquier parte, con tal de estar sentado. Pensar, de pie o caminando; leer, sentado. Claro que no ha de ser uno un fanático: algunos libros (los del Rastro, por ejemplo) sólo se pueden leer o espiar de pie, y hay pensamientos que sólo se tienen echado, en sueños. En cuanto a libros y papeles, cualquiera me valdría, incluso los papeles tirados en la calle”.
Andrés Trapiello. Manzaneda de Torío (León), 1953. Última novela: Al morir Don Quijote
“Para leer, prefiero los parques, como en la adolescencia. Siempre me ha gustado leer en el parque del Retiro, tumbada a la sombra de un gran árbol mientras mi perro lee el césped a mi alrededor: Walt Whitman es el escritor favorito de los perros. Ahora leería el Diario de Gombrowicz en el paseo del Prado, porque en ese bulevar yo podría ser París o Buenos Aires. Leería Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain, en un banco de la ribera del río, frente a la basílica de San Antonio, para que pareciera el Mississippi. Leería Invenciones del recuerdo, la biografía en verso de Silvina Ocampo, en la Quinta de los Molinos, pues quién diría que no se trata de La Rabona, su finca familiar. Leería Carne de píxel, el último libro de poesía de Agustín Fernández Mallo, en la plaza de Vázquez de Mella, pero sólo si es en una mañana de lluvia, para que esos poemas tengan sentido y para no morir de insolación. Y estoy pensando en sacar una sillita a la puerta de mi casa de la calle San Marcos, corazón de Chuecatown, y desplegarla en la acera para leer Nuevas páginas de mi vida, de Ramón Gómez de la Serna, en un ejemplar amarillento que me esperaba el otro día en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión del paseo de Recoletos”.
Ruth Toledano. León, 1963. Último poemario: Ojos de quién.
“Obligado por razones de salud a hacer una larga caminata, me vi necesitado de un descanso en la Plaza Mayor. Y a sabiendas de que estos descansos se imponen llevaba un libro de poesía: Vista Cansada (Visor), de Luis García Montero. Su lectura estaba ya avanzada y la voz del poeta se reafirmaba en su narratividad más luminosa, en los aspectos más característicos de su sentimentalidad. Un libro de confirmación, más que novedoso, la insistencia del poeta que es fiel a una voz, la suya, una de las más representativas de este tiempo. Pero me hallaba ya en la página 94 cuando la casualidad puso delante de mí el título de uno de sus poemas: Las ciudades. Y me di por aludido en cuanto a lo que vengo diciendo en dos de sus versos: “No sé. La vida es cara/ y resultan baratas las falsificaciones”. Pero el título siguiente, Madrid, logró tranquilizarme. En el excelente poema, Madrid, el poeta y yo nos encontramos: “Cielos limpios, Madrid, para tu sol de invierno. / Yo me como las eses, pero me siento tuyo…”. Yo, también me las como a veces, pero eso son cosas del plural acento madrileño. “Buenas noches, Madrid, otro whisky con hielo”.
Fernando Delgado. Santa Cruz de Tenerife, 1947. Última novela: Isla sin mar
“Me iría a leer al parque de El Capricho en la Alameda de Osuna. Es un maravilloso jardín que la duquesa de Osuna creó en el siglo XVIII. Tiene magníficos árboles centenarios, columnatas, estanques, y unas praderas que parecen más inglesas que madrileñas y en las que te puedes echar con tu libro entre las manos, debajo de la sombra de algún cedro espectacular. ¿Qué libro…? Tal vez releería el último que me ha emocionado, La mujer que esperaba, de Andreï Makine”
Ángeles Caso. Gijón, 1959. Último ensayo: Las olvidadas, una historia de mujeres creadoras.
(Source: esmadrid.com)
El hombre
¿Qué ha visto el hombre?
Nada.
Ciego y desnudo llegó,
desnudo y ciego se irá
del polvo al polvo.
Un gesto de ternura podría salvar al mundo,
pero el hombre jamás bajó los ojos
a ese pozo de luz.
—Llorarás, le dijeron,
mas no es fácil llorar.
Llorar es desprenderse,
irse en ríos de uno,
y el hombre sólo sabe
devorar y perderse.
No conoce más muros
que los que cercan su ciudad en sombras
y hasta allí ha bajado a envejecer,
a morir en sí mismo,
a sepultarse testarudo,
mientras la soledad circula por su cuerpo
como el viento por una casa en ruinas.
Yo insisto,
un gesto de ternura podría…, de pronto,
me irrito, tiemblo, río, me quebranto.
Yo soy el hombre.
- Enriqueta Ochoa, de Los himnos del ciego (1968)
José Lezama Lima (Cuba). Liminar: Llamado del deseoso.
Desirous is he who flees from his mother…
Para azurea, que siempre nos regala con selecciones de poesía. No sé, querida, si conocés la obra de Lezama Lima, pero este poema en particular ha sido fundamental para los ‘neo-barrocos’ latinoamericanos.
¡Muchas gracias, bella! Reconozco que tengo pendiente explorar la obra de Lezama Lima, si bien he tenido el placer de leer algunos poemas sueltos en antologías de poetas latinoamericanos. Si me permites reproduzco a continuación el poema que empezaste, y que de alguna forma me ha resultado tan pertinente (lo cual, estoy segura, no es casualidad. Qué bonito que tengamos esta suerte de afinidad tácita):
Deseoso es aquel que huye de su madre.
Despedirse es cultivar un rocío para unirlo con la secularidad de la saliva.
La hondura del deseo no va por el secuestro del fruto.
Deseoso es dejar de ver a su madre.
Es la ausencia del sucedido de un día que se prolonga
y es la noche que esa ausencia se va ahondando como un cuchillo.
Es esa ausencia se abre una torre, en esa torre baila un fuego hueco.
y así se ensancha y la ausencia de la madre es un mar en calma.
Pero el huidizo no ve el cuchillo que le pregunta,
es la madre, de los postigos asegurados, de quien se huye.
Lo descendido en vieja sangre suena vacío.
La sangre es fría cuando desciende y cuando se esparce circulizada.
la madre es fría y está cumplida.
Si es por la muerte, su peso es doble y ya no nos suelta.
No es por las puertas donde se asoma nuestro abandono.
Es por un claro donde la madre sigue marchando, pero ya no nos sigue.
Es por un claro, allí se ciega y bien nos deja.
Ay del que no marcha esa marcha donde la madre ya no le sigue, ay.
No es desconocerse, el conocerse sigue furioso como en sus días,
pero el seguirlo sería quemarse dos en un árbol,
y ella apetece mirar el árbol como una piedra,
como una piedra con la inscripción de ancianos juegos.
Nuestro deseo no es alcanzar o incorporar un fruto ácido.
El deseoso es el huidizo.
Y de los cabezazos con nuestras madres cae el planeta centro de mesa
y ¿de dónde huimos, si no es de nuestras madres de quien huimos
que nunca quieren recomenzar el mismo naipe, la misma
noche de igual ijada descomunal?